LOPERA (JAEN)
Historia
LOPERA
El término municipal de Lopera pertenece a la provincia de Jaén.
Tiene una extensión superficial de 67 km² con un perímetro de forma
sensiblemente circular, se encuentra situada a una altitud de 276
metros y a 54 kilómetros de la capital de provincia, Jaén.
Pertenece a la zona en la denominada Campiña baja y valle de Andújar, siendo su núcleo de población el más occidental de los municipios jiennenses. Limita su término municipal con los siguientes: al norte con Marmolejo y Montoro (Córdoba), al sur con Porcuna, al este con Arjona y al oeste con Cañete de las Torres, Bujalance, Villa del Río y Montoro, todos ellos de la provincia de Córdoba. El río Guadalquivir atraviesa el término municipal por su parte norte, mientras que el arroyo Salado, afluente de éste, serpentea de sur a norte con escaso caudal.
En el ámbito geográfico, Lopera se caracteriza por unos elementos representativos que son su orografía suave, de onduladas colinas, típica de campiña olivarera, y, por la otra, el aprovechamiento agrícola, con hegemonía del olivar, quedando tan sólo algunos pequeños reductos de viñedos de uva blanca y cereal, antes muy abundantes; también existen algunos cultivos de regadío (algodón, girasol, remolacha, maíz...) en las zonas bajas (vegas del arroyo Salado).
La localidad tiene sus inicios en la Edad del Bronce, encontrándose restos de este periodo en los cortijos de Almazán, Lanzarino I y Cuatro Hermanas. Del periodo de la Edad del Hierro destaca la presencia de restos de la cultura ibérica. Como muestra de ello, los yacimientos ibéricos del Cerro de la Casa, Cerro de los Pollos y Cerro de San Cristóbal.
Existe la presencia de restos de época romana en diversas zonas del término municipal. No obstante, Lopera fue un lugar de segundo orden en la administración territorial romana. Su nombre en esta época era POLESI y formaba parte o dependía administrativamente del municipio de Obulco (Porcuna). El yacimiento mejor estudiado es el de la ciudad romano-visigótica de los "Morrones", que contaba con una basílica visigótica y estaba situada justo en el límite con el término de Cañete de las Torres. Existían dos vías romanas que cruzaban el término de Lopera, una al norte y otra al sur junto a Obulco.
El actual núcleo poblacional surgiría en torno a los siglos VIII y IX d.C. con el más que probable asentamiento del pueblo visigodo o musulmán en una de las faldas del Cerro de San Cristóbal. En 1240 Lopera fue conquistada por Fernando III El Santo, que arrebató de esta forma la localidad a los musulmanes.
Lopera estuvo bajo la jurisdicción de la Orden de Calatrava hasta el siglo XVI y durante todo este tiempo pasaron por Lopera varios comendadores, que fijaron su residencia permanente en el castillo. A mediados del siglo XVI Lopera tuvo como comendador a Don Juan Pacheco y Torres, hijo de Doña Marina Fernández de Torres, de quien existe un sepulcro en el altar mayor de la Iglesia Parroquial de la Purísima Concepción. El siglo XVI se caracteriza por el auge económico y poblacional así como el inicio de su independencia de las poblaciones de Porcuna y Martos. Durante toda esta época Lopera dependía de la encomienda de Martos y Porcuna, hasta que el rey español Felipe II decide declararla en 1595 como villa independiente. La independencia se materializó tras el pago que los vecinos hicieron a las arcas de la Hacienda Real.
En el siglo XIX se produce la desamortización de los bienes de la Iglesia, que fueron adquiridos en su mayor parte por burgueses que aumentaron así su patrimonio y dominio sobre el resto de la población. Entre estas personas hay que mencionar a Alonso de Valenzuela, diputado a Cortes en 1854 y alcalde de Lopera entre 1870 y 1874, quien en 1856 adquirió el castillo.
Una imagen típica del primer tercio del siglo XX era ver a los jornaleros desempleados en la plaza mayor del pueblo a la espera de que el capataz de turno los quisiera contratar. Fueron años caracterizados por un incremento de los conflictos sociales y de las continuas reivindicaciones laborales. En 1925 con la dictadura de Primo de Rivera se inicia la construcción de los Grupos Escolares, cuya consecución fue gracias a la iniciativa del alcalde de aquellos años y maestro nacional Martín Valcarcel.
Puedes continuar conociendo Lopera aquí...
Pertenece a la zona en la denominada Campiña baja y valle de Andújar, siendo su núcleo de población el más occidental de los municipios jiennenses. Limita su término municipal con los siguientes: al norte con Marmolejo y Montoro (Córdoba), al sur con Porcuna, al este con Arjona y al oeste con Cañete de las Torres, Bujalance, Villa del Río y Montoro, todos ellos de la provincia de Córdoba. El río Guadalquivir atraviesa el término municipal por su parte norte, mientras que el arroyo Salado, afluente de éste, serpentea de sur a norte con escaso caudal.
En el ámbito geográfico, Lopera se caracteriza por unos elementos representativos que son su orografía suave, de onduladas colinas, típica de campiña olivarera, y, por la otra, el aprovechamiento agrícola, con hegemonía del olivar, quedando tan sólo algunos pequeños reductos de viñedos de uva blanca y cereal, antes muy abundantes; también existen algunos cultivos de regadío (algodón, girasol, remolacha, maíz...) en las zonas bajas (vegas del arroyo Salado).
La localidad tiene sus inicios en la Edad del Bronce, encontrándose restos de este periodo en los cortijos de Almazán, Lanzarino I y Cuatro Hermanas. Del periodo de la Edad del Hierro destaca la presencia de restos de la cultura ibérica. Como muestra de ello, los yacimientos ibéricos del Cerro de la Casa, Cerro de los Pollos y Cerro de San Cristóbal.
Existe la presencia de restos de época romana en diversas zonas del término municipal. No obstante, Lopera fue un lugar de segundo orden en la administración territorial romana. Su nombre en esta época era POLESI y formaba parte o dependía administrativamente del municipio de Obulco (Porcuna). El yacimiento mejor estudiado es el de la ciudad romano-visigótica de los "Morrones", que contaba con una basílica visigótica y estaba situada justo en el límite con el término de Cañete de las Torres. Existían dos vías romanas que cruzaban el término de Lopera, una al norte y otra al sur junto a Obulco.
El actual núcleo poblacional surgiría en torno a los siglos VIII y IX d.C. con el más que probable asentamiento del pueblo visigodo o musulmán en una de las faldas del Cerro de San Cristóbal. En 1240 Lopera fue conquistada por Fernando III El Santo, que arrebató de esta forma la localidad a los musulmanes.
Lopera estuvo bajo la jurisdicción de la Orden de Calatrava hasta el siglo XVI y durante todo este tiempo pasaron por Lopera varios comendadores, que fijaron su residencia permanente en el castillo. A mediados del siglo XVI Lopera tuvo como comendador a Don Juan Pacheco y Torres, hijo de Doña Marina Fernández de Torres, de quien existe un sepulcro en el altar mayor de la Iglesia Parroquial de la Purísima Concepción. El siglo XVI se caracteriza por el auge económico y poblacional así como el inicio de su independencia de las poblaciones de Porcuna y Martos. Durante toda esta época Lopera dependía de la encomienda de Martos y Porcuna, hasta que el rey español Felipe II decide declararla en 1595 como villa independiente. La independencia se materializó tras el pago que los vecinos hicieron a las arcas de la Hacienda Real.
En el siglo XIX se produce la desamortización de los bienes de la Iglesia, que fueron adquiridos en su mayor parte por burgueses que aumentaron así su patrimonio y dominio sobre el resto de la población. Entre estas personas hay que mencionar a Alonso de Valenzuela, diputado a Cortes en 1854 y alcalde de Lopera entre 1870 y 1874, quien en 1856 adquirió el castillo.
Una imagen típica del primer tercio del siglo XX era ver a los jornaleros desempleados en la plaza mayor del pueblo a la espera de que el capataz de turno los quisiera contratar. Fueron años caracterizados por un incremento de los conflictos sociales y de las continuas reivindicaciones laborales. En 1925 con la dictadura de Primo de Rivera se inicia la construcción de los Grupos Escolares, cuya consecución fue gracias a la iniciativa del alcalde de aquellos años y maestro nacional Martín Valcarcel.
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Monumentos
Principales monumentos de Lopera
Castillo-fortaleza. Datado en el siglo XIII y perteneciente a la Orden de Calatrava, tiene forma de pentágono irregular, aunque ha sufrido varias remodelaciones. Tiene cinco torreones, dos cuadrados y tres cilíndricos. Posee dos torres (Santa María y San Miguel) que están rodeadas de un recinto amurallado. Fue declarado monumento histórico y bien de interés cultural en el año 1991 y ha sido utilizado como vivienda, bodega de vino y desde hace tan sólo unos años como salón para banquetes de boda por una conocida empresa hostelera de la localidad. El 28 de febrero de 2000 se constituyó la Plataforma Ciudadana en Defensa del Castillo de Lopera con el objetivo de conseguir que esta fortaleza pasara a titularidad municipal, que sucedería el día 27 de Diciembre de 2002. En la actualidad se encuentra en proceso de restauración.
Monumento a los brigadistas. Se levantó en 1999 y es el único monumento en España construido para conmemorar las bajas de los brigadistas internacionales que se produjeron en los enfrentamientos de la guerra civil, donde perdieron la vida personajes importantes. En la batalla de Lopera, los días 27 y 28 diciembre del 1936, fallecieron el escritor Ralph Winston Fox (1900-1936) y el poeta Rupert John Cornford (1915-1936), miembros de la generación "Writers of Thirties".
Valuartes de la Guerra Civil. Lopera constituyó el escenario de una de las batallas más importantes en el llamado Frente de Andalucía durante la Guerra Civil Española. La contienda convirtió a Lopera en una de las localidades más ricas en patrimonio de guerra de la zona representado por desechos bélicos, nidos de ametralladoras, polvorines, trincheras y búnkers antiaéreos, en los Pagos de Valcargado, Arroyo Salado o las Esperillas. Dentro de la ciudad existen diferentes refugios urbanos.
Ayuntamiento. Se construyó en el año 1605. Su estilo es de orden toscano. Se configura en dos plantas con vanos rectangulares y simétricos al eje axial, posee una hermosa espadaña y una portada de orden toscano en donde además podemos encontrar un escudo de Felipe II sobre el que se sitúa el balcón.
Iglesia de la Purísima Concepción. Realizado en el siglo XVI, es un edificio gótico aunque renacen distintas épocas y estilos. También posee un magnifico Museo Parroquial en el que podemos encontrar libros corales, pinturas, ornamentos, vasos sagrados...
Bodegas Herruzo. El cultivo de la vid se inició en Lopera en el siglo XVIII, alcanzando su máximo esplendor a mediados del siglo XX. En los años 60 existían en Lopera 10 bodegas. Esta es la única bodega que existe en la actualidad y que sigue produciendo ricos mostos de la variedad Pedro Ximénez, aunque la empresa se encuentra inmersa en una reconversión.
Casa del Pueblo o Centro Obrero. Edificio social que adquirió protagonismo en los primeros años del siglo XX y que ha sido una institución y un lugar privilegiado de sociabilidad obrera. Se instaló en un antiguo convento y desarrolló una importante labor educativa y cultural. Fue inaugurada en agosto de 1919 y destruida por la Guerra Civil.
Hospital de San Juan de Dios y Casas Nobiliarias. El Hospital de Jesús Nazareno y San Juan de Dios es un edificio del siglo XVII, de dos plantas. Conserva un hermoso patio con doble arcada de columnas toscanas, los arcos son de medio punto en la parte baja y rebajados en la planta alta del edificio. En pocos metros alrededor se pueden ver numerosas Casas Nobiliarias que guardan su estructura original de los siglos XVII y XVIII: calle Real, Plaza y calle Bernabé cobo, Plaza de la Constitución, calle Corpus, calle Pablo Iglesias, calle San Roque, calle García de Leaniz... Mención especial merece la Casa-Palacio de Bartolomé Valenzuela, convertida hoy en una residencia de ancianos.
Ermitas. Lopera posee varias y hermosas ermitas entre las que destacan: ermita de Jesús del siglo XVIII, ermita de San Roque del siglo XVIII, ermita del Cristo del Humilladero del siglo XVIII y ermita de San Isidro del siglo XX.
Casa de la Tercia o Pósito. Comunicada con el castillo a través de un pasadizo subterráneo, es un edificio construido probablemente en el siglo XV que sirvió para el almacenaje de grano en la Edad Moderna y como bodega en la Edad Contemporánea. Edificio con dos plantas independientes, la superior, con cubierta inclinada, se encuentra dividida longitudinalmente por dos grades crujías con seis arcos sobre pilastras cada una. La planta inferior, formada por doce arcos rebajados de ladrillo sobre pilastras de piedra. Las tres naves en que se divide la estancia se encuentran cubiertas por bóvedas de cañón rebajadas.
Museo de la Batalla de Lopera. Ubicado en la capilla calatrava del castillo, el museo contiene más de trescientas piezas procedentes de la guerra, muchas de ellas encontradas en el propio término municipal de Lopera. Destacar restos de proyectiles, bombas de mano, un teléfono y telégrafo, condecoraciones, prensa... La protagonista del museo es, sin duda, una maqueta que reproduce las acciones bélicas realizadas en el término municipal durante los días 27, 28 y 29 de diciembre de 1936.
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Gastronomia
Breve recorrido por la gastronomía de Lopera
Sería imposible hablar de la gastronomía de Lopera sin hacer una mención primera a sus vinos. Caldos dorados salidos de recordadas viñas tendidas al sol en unos campos en los que se fueron cambiando las vides de antaño por olivos nuevos. Ciertamente Lopera ya no tiene viñas, pero sí legendarios lagares en pie donde se sigue elaborando sobre la base de una uva "Pedro Ximénez" que se trae de la cercana Arjona, un vino tipo fino de paladar amontillado, producción única en la provincia de Jaén.
Y si no pueden silenciarse sus vinos, no lo habrá de ser la fama que en tiempos pretéritos le dieron los melones salidos de sus tierras claras de sol y arcilla. Manjar de verano, dulce y refrescante, que llegó a tomarse en ensalada, y cuyos últimos ejemplares del estío se guardaban colgados de los techos en una malla hecha con cuatro cuerdas para acompañar las migas del invierno. Pero no menos interesante es la manifestación culinaria que en Lopera se hace con los platos elaborados con lo que nos da el terruño de su campiña: gazpachos entroncados con el salmorejo cordobés, y pipirranas jaeneras donde brilla el aceite de sus olivos, el cual también resplandece en las entrañas del "cachurro", que así llaman aquí al tradicional pan con aceite acompañado de cualquier engañifa pitancera.
De la cocina morisca se conserva el potaje de "habas con berenjenas", plato que en otros lugares llaman "almoronía" y que en esta comarca se denomina "guitarra". Estas tradicionales habas con berenjenas siempre han ido unidas a algún voto popular de abstenerse de comer carne en acción de gracias perpetua por verse librada la población y los campos de alguna epidemia o plaga. De la misma cocina morisca se conservan los exquisitos "almendrados", que dan réplica culinaria a viandas con nombres tan sugerentes como los "besillos", o a los no menos apreciados "roscos de agua".
Algunos platos típicos de Lopera son los que detallamos a continuación:
TRIGO PELAO. Utilizaremos como ingredientes tomate, cebolla, ajos, pimiento, sal, colorante, laurel, trigo, boquerones, almejas, aceite y agua. Respecto a su preparación, echar el trigo en agua, pelarlo a mano y cocerlo unos veinte minutos. A continuación hacer el sofrito con el tomate, cebolla, ajos, sal, pimiento y laurel. Se echa el arroz al sofrito y se cuece unos veinte minutos. Diez minutos antes de apartarlo se echan las almejas y los boquerones sin raspa y la sal.
POTAJE DE GARBANZOS. Utilizaremos como ingredientes garbanzos, habichuelas, panecillos, bacalao, pimiento rojo y verde, tomate, ajo, cebolla, aceite, agua y espinacas. Respecto a su preparación, poner los garbanzos y habichuelas a cocer con una cabeza de ajos y laurel, cuando están cocidos, se hace el sofrito y se le añade. Aparte, se marean las espinacas y el bacalao. Hecho esto se añaden a lo anterior y se pone a fuego lento. Al apartarlo del fuego se echan los panecillos.
PANECILLOS. Utilizaremos como ingredientes ajo y perejil picado, huevo, pan rayado y sal. Para su preparación, se mezclan todos los ingredientes y se forman bolas de masa que después se fríen.
TRUCHAS A LA MOLINERA. Los ingredientes para cuatro personas son cuatro truchas, limón, peregil, harina, pimienta blanca, cien gramos de mantequilla, leche, aceite de oliva y sal. La preparación es la siguiente. Ponemos las truchas bien limpias en una cazuela y las cubrimos con la leche durante unas horas. Pasado este tiempo las sacamos y las secamos con un paño de cocina o papel absorbente, las salamos y espolvoreamos con pimienta tanto por fuera como por dentro y seguidamente las enharinamos y las freímos en una sartén, con aceite de oliva a fuego medio-alto hasta que nos queden bien doradas por ambos lados y bien cocidas por dentro. En otra sartén fundimos la mantequilla, le ponemos una o dos cucharadas de zumo de limón recién exprimido y el peregil picado muy finamente. Cuando la mantequilla empiece a coger color, la vertemos sobre las truchas que ya habremos colocado en una fuente, y adornamos con ramitos de peregil enharinados y fritos y unas rodajitas de limón.
MAIMONES. Utilizamos un litro de leche y ocho cucharadas de azúcar como ingredientes. Respecto a la preparación, ponemos a hervir en una cacerola la leche con el azúcar, la cáscara de limón y la canela en rama. Mientras la leche hierve, ponemos en una sartén aceite (como para un sofrito) y lo desahumamos, partimos el pan a trocitos (con las manos) y lo freímos un poquito, lo sacamos, escurrimos y lo añadimos a la leche, que ya estará hirviendo, y dejamos que todo hierva unos cinco o diez minutos, moviendo de vez en cuando. Pasado este tiempo se retira del fuego y listo.
PERDIZ EN DORAILLO. Los ingredientes son una perdiz, aceite, ajos, cebolla, colorante alimenticio, una hoja de laurel, un tomate, vino, sal y pimienta. Para su preparación, ponemos una cazuela en el fuego con aceite, añadimos la perdiz troceada y salpimentada y la doramos, seguidamente añadimos los ajos (una cabeza aproximadamente) a rodajas, una cebolla troceada y doramos todo, ahora agregamos el laurel, medio vaso de vino y dejamos que se evapore, después rallamos un tomate y se lo añadimos al sofrito. Cuando esté frito el tomate, que es lo último que hemos puesto, añadimos un poco de agua y dejamos cocer, a fuego lento, hasta que esté tierna.
CORDIALES. Utilizaremos como ingredientes doce claras de huevos, un kilo de almendras molidas, cuatro cucharadas de agua y medio kilo de azúcar de azúcar. Su preparación es la siguiente. Empezamos por batir el agua y las claras de huevo a punto de nieve muy compacta y espesa, de forma que volcando el bol boca abajo no se caiga ni una gota. Seguidamente iremos espolvoreando primero con el azúcar y luego con la almendra, realizando movimientos envolventes con una espátula de madera, de abajo hacia arriba, para que se mezclen todos los componentes, pero teniendo especial cuidado en que el merengue no pierda su consistencia. Una vez haya admitido toda el azúcar y la almendra, hacemos pequeñas pirámides sobre una placa de horno engrasada y enharinada y la ponemos a horno medio hasta que estén bien doradas por fuera. Se dejan enfriar y listas para servir.
Y si no pueden silenciarse sus vinos, no lo habrá de ser la fama que en tiempos pretéritos le dieron los melones salidos de sus tierras claras de sol y arcilla. Manjar de verano, dulce y refrescante, que llegó a tomarse en ensalada, y cuyos últimos ejemplares del estío se guardaban colgados de los techos en una malla hecha con cuatro cuerdas para acompañar las migas del invierno. Pero no menos interesante es la manifestación culinaria que en Lopera se hace con los platos elaborados con lo que nos da el terruño de su campiña: gazpachos entroncados con el salmorejo cordobés, y pipirranas jaeneras donde brilla el aceite de sus olivos, el cual también resplandece en las entrañas del "cachurro", que así llaman aquí al tradicional pan con aceite acompañado de cualquier engañifa pitancera.
De la cocina morisca se conserva el potaje de "habas con berenjenas", plato que en otros lugares llaman "almoronía" y que en esta comarca se denomina "guitarra". Estas tradicionales habas con berenjenas siempre han ido unidas a algún voto popular de abstenerse de comer carne en acción de gracias perpetua por verse librada la población y los campos de alguna epidemia o plaga. De la misma cocina morisca se conservan los exquisitos "almendrados", que dan réplica culinaria a viandas con nombres tan sugerentes como los "besillos", o a los no menos apreciados "roscos de agua".
Algunos platos típicos de Lopera son los que detallamos a continuación:
TRIGO PELAO. Utilizaremos como ingredientes tomate, cebolla, ajos, pimiento, sal, colorante, laurel, trigo, boquerones, almejas, aceite y agua. Respecto a su preparación, echar el trigo en agua, pelarlo a mano y cocerlo unos veinte minutos. A continuación hacer el sofrito con el tomate, cebolla, ajos, sal, pimiento y laurel. Se echa el arroz al sofrito y se cuece unos veinte minutos. Diez minutos antes de apartarlo se echan las almejas y los boquerones sin raspa y la sal.
POTAJE DE GARBANZOS. Utilizaremos como ingredientes garbanzos, habichuelas, panecillos, bacalao, pimiento rojo y verde, tomate, ajo, cebolla, aceite, agua y espinacas. Respecto a su preparación, poner los garbanzos y habichuelas a cocer con una cabeza de ajos y laurel, cuando están cocidos, se hace el sofrito y se le añade. Aparte, se marean las espinacas y el bacalao. Hecho esto se añaden a lo anterior y se pone a fuego lento. Al apartarlo del fuego se echan los panecillos.
PANECILLOS. Utilizaremos como ingredientes ajo y perejil picado, huevo, pan rayado y sal. Para su preparación, se mezclan todos los ingredientes y se forman bolas de masa que después se fríen.
TRUCHAS A LA MOLINERA. Los ingredientes para cuatro personas son cuatro truchas, limón, peregil, harina, pimienta blanca, cien gramos de mantequilla, leche, aceite de oliva y sal. La preparación es la siguiente. Ponemos las truchas bien limpias en una cazuela y las cubrimos con la leche durante unas horas. Pasado este tiempo las sacamos y las secamos con un paño de cocina o papel absorbente, las salamos y espolvoreamos con pimienta tanto por fuera como por dentro y seguidamente las enharinamos y las freímos en una sartén, con aceite de oliva a fuego medio-alto hasta que nos queden bien doradas por ambos lados y bien cocidas por dentro. En otra sartén fundimos la mantequilla, le ponemos una o dos cucharadas de zumo de limón recién exprimido y el peregil picado muy finamente. Cuando la mantequilla empiece a coger color, la vertemos sobre las truchas que ya habremos colocado en una fuente, y adornamos con ramitos de peregil enharinados y fritos y unas rodajitas de limón.
MAIMONES. Utilizamos un litro de leche y ocho cucharadas de azúcar como ingredientes. Respecto a la preparación, ponemos a hervir en una cacerola la leche con el azúcar, la cáscara de limón y la canela en rama. Mientras la leche hierve, ponemos en una sartén aceite (como para un sofrito) y lo desahumamos, partimos el pan a trocitos (con las manos) y lo freímos un poquito, lo sacamos, escurrimos y lo añadimos a la leche, que ya estará hirviendo, y dejamos que todo hierva unos cinco o diez minutos, moviendo de vez en cuando. Pasado este tiempo se retira del fuego y listo.
PERDIZ EN DORAILLO. Los ingredientes son una perdiz, aceite, ajos, cebolla, colorante alimenticio, una hoja de laurel, un tomate, vino, sal y pimienta. Para su preparación, ponemos una cazuela en el fuego con aceite, añadimos la perdiz troceada y salpimentada y la doramos, seguidamente añadimos los ajos (una cabeza aproximadamente) a rodajas, una cebolla troceada y doramos todo, ahora agregamos el laurel, medio vaso de vino y dejamos que se evapore, después rallamos un tomate y se lo añadimos al sofrito. Cuando esté frito el tomate, que es lo último que hemos puesto, añadimos un poco de agua y dejamos cocer, a fuego lento, hasta que esté tierna.
CORDIALES. Utilizaremos como ingredientes doce claras de huevos, un kilo de almendras molidas, cuatro cucharadas de agua y medio kilo de azúcar de azúcar. Su preparación es la siguiente. Empezamos por batir el agua y las claras de huevo a punto de nieve muy compacta y espesa, de forma que volcando el bol boca abajo no se caiga ni una gota. Seguidamente iremos espolvoreando primero con el azúcar y luego con la almendra, realizando movimientos envolventes con una espátula de madera, de abajo hacia arriba, para que se mezclen todos los componentes, pero teniendo especial cuidado en que el merengue no pierda su consistencia. Una vez haya admitido toda el azúcar y la almendra, hacemos pequeñas pirámides sobre una placa de horno engrasada y enharinada y la ponemos a horno medio hasta que estén bien doradas por fuera. Se dejan enfriar y listas para servir.
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Turismo
LOPERA
El itinerario del viajero...
Tras una visita ineludible por los tres monumentos principales de la localidad (más en la sección "Monumentos"), el viajero puede continuar su discurrir por la villa, a través de las casonas nobiliarias, esparcidas por el casco antiguo y que conservan sus portadas y heráldicas. El barroco está perfectamente definido en la ermita de San Roque, la de Jesús y la del Cristo del Humilladero.
A espaldas de esta última, el viajero podrá comprar vinos amontillados, dulces y tintos en las Bodegas Herruzo, las más antiguas de la provincia. Y a casi un palmo de la bodega está el taller del artesano de miniaturas de madera Diego Pérez, donde se puede contemplar su fábrica de aceite, el lagar y la era.
Ubicada en el paraje del Pilar Nuevo se encuentra la ermita de San isidro Labrador, de estilo contemporáneo. En los parajes del Puente del Arroyo Salado, las Esperillas y la antigua carretera Madrid-Cádiz es posible visitar las trincheras, nidos de ametralladoras y búnker de la Guerra Civil Española que, junto a la fortaleza forman parte de la Ruta de los Castillos y las Batallas.
En la calle Vicente Rey se encuentra el colegio Miguel de Cervantes, una bella obra regionalista. Además, Lopera cuenta con dos cooperativas oleícolas y varias fábricas dedicadas al sector de la madera. El astillero "Astraea" fabrica veleros de recreo y competición para cualquier punto del mundo.
Cómo llegar a Lopera...
Lopera se halla a 52 kilómetros de Jaén en la Campiña Norte, comarca de Andújar. Se parte de la capital por la carretera A-316 hasta Torredonjimeno donde enlazamos con la A-306 hasta Porcuna, tomando a continuación el desvío por la carretera A-6175 hasta llegar a la villa.
Tras una visita ineludible por los tres monumentos principales de la localidad (más en la sección "Monumentos"), el viajero puede continuar su discurrir por la villa, a través de las casonas nobiliarias, esparcidas por el casco antiguo y que conservan sus portadas y heráldicas. El barroco está perfectamente definido en la ermita de San Roque, la de Jesús y la del Cristo del Humilladero.
A espaldas de esta última, el viajero podrá comprar vinos amontillados, dulces y tintos en las Bodegas Herruzo, las más antiguas de la provincia. Y a casi un palmo de la bodega está el taller del artesano de miniaturas de madera Diego Pérez, donde se puede contemplar su fábrica de aceite, el lagar y la era.
Ubicada en el paraje del Pilar Nuevo se encuentra la ermita de San isidro Labrador, de estilo contemporáneo. En los parajes del Puente del Arroyo Salado, las Esperillas y la antigua carretera Madrid-Cádiz es posible visitar las trincheras, nidos de ametralladoras y búnker de la Guerra Civil Española que, junto a la fortaleza forman parte de la Ruta de los Castillos y las Batallas.
En la calle Vicente Rey se encuentra el colegio Miguel de Cervantes, una bella obra regionalista. Además, Lopera cuenta con dos cooperativas oleícolas y varias fábricas dedicadas al sector de la madera. El astillero "Astraea" fabrica veleros de recreo y competición para cualquier punto del mundo.
Cómo llegar a Lopera...
Lopera se halla a 52 kilómetros de Jaén en la Campiña Norte, comarca de Andújar. Se parte de la capital por la carretera A-316 hasta Torredonjimeno donde enlazamos con la A-306 hasta Porcuna, tomando a continuación el desvío por la carretera A-6175 hasta llegar a la villa.
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Fiestas
Fiestas y tradiciones de Lopera
Algunas de las fiestas y tradiciones anuales de Lopera ordenadas cronológicamente son las siguientes:
Las Candelarias. Esta fiesta, originalmente de carácter religioso, se viene desarrollando en Lopera desde el siglo XVII. En la actualidad consiste en celebrar en la noche de primero de febrero una fiesta en torno a las típicas candelas de ramón de los olivos que cada grupo de vecinos organiza en su barrio. En torno a la lumbre se reúnen niños y mayores jugando, bailando y cantando canciones heredadas de nuestros antepasados. Uno de los juegos más antiguos consiste en pasarse en corro un botijo de agua vacío. La candela también es un buen pretexto para asar productos de la última matanza, tales como chorizos, morcillas, panceta..., y, ¿cómo no?, unos buenos tragos de la bota de vino de Lopera. En algunas ocasiones los más atrevidos saltan por encima de la lumbre.
Carnaval. Es una fiesta arraigada en Lopera, con tradiciones como pasacalles, actuaciones de chirigotas, piñatas o el entierro de la sardina. En torno a él se sigue manteniendo viva la tradición de los cascarones, cuya preparación es bien sencilla. Tras extraer la yema y la clara del huevo por un pequeño orificio, se deja secar el cascarón, rellenándolo más tarde de "picaíllos" (similar al confeti). Por último se tapa el orificio con papel utilizando como adhesivo una composición de agua y harina denominada "gachuela". Los cascarones se utilizan para cortejar a los mozos y mozas en edad de merecer, reventado el cascarón en la cabeza, la cual queda rociada de picaíllos de múltiples colores.
Semana Santa. Año tras año está cobrando mayor fuerza y vigor la Semana Santa Loperana, la cual ha pasado a procesionar durante toda la semana de pasión (cuando en un principio sólo se hacía jueves y viernes santo). Destacan las cofradías de Nuestra Señora de la Soledad, Nuestra Señora de los Dolores, San Juan Evangelista el Cristo de la Veracruz o Nuestro Padre Jesús Nazareno. Era costumbre hasta hace bien poco en Lopera durante estas fiestas los típicos dulces de Semana Santa. Era una estampa muy costumbrista el ir y venir por las calles del pueblo de grupos de mujeres con grandes canastas repletas de roscos de agua y de vino, almendrados, magdalenas u hornazos elaborados en los hornos de las diferentes panaderías de la localidad.
Virgen de la Cabeza. La celebración de la Virgen de la Cabeza se lleva a cabo en Lopera durante el penúltimo domingo de abril, durante el cual la imagen procesiona por las calles de la localidad junto a la cofradía, hermanos mayores y romeros. Tras finalizar todos los fieles cofrades se reúnen para tomar unos aperitivos, ya pensando en el fin de semana siguiente, durante el cual se desplazarán al Cerro del Cabezo (Andújar) para participar en la Romería de la Virgen de la Cabeza. Esta se desarrolla en plena Sierra Morena y constituye una impresionante manifestación de fervor mariano, adornada con el colorido de los estandartes y banderas de cada una de las Cofradías que vienen de toda España. La eclosión floral de la primavera sirve de marco al ir y venir por los caminos de la sierra. Los romeros a pie, caballo, en mulos o en carretas, manifiestan una expansión festiva, pero de honda y sincera devoción, haciendo de la convivencia su mejor forma de oración. La recepción en Andújar de las Cofradías filiales en la tarde del viernes anterior al último domingo de abril, da comienzo a la Romería. Al llegar al Santuario las Cofradías se suceden en su presentación ante la Imagen. Durante toda la noche en el camarín se susurra una entrañable intimidad con la Santísima Virgen. En el templo es masiva la participación en las misas y rosarios que se celebran. El domingo es el día grande, la culminación de la fiesta. El volteo de las campanas del templo anuncian, cerca del mediodía, el momento más solemne y culminante de la romería, la procesión de la Santísima Virgen de la Cabeza. A lo largo de la calzada han formado previamente todas Cofradías, multitud de devotos se agolpan a las andas con la Imagen que comienza a recorrer las calzadas del cerro. Dos religiosos situados a ambos lados de la Virgen acercan al manto de la Reina, los niños, prendas y objetos que les entregan los romeros para ser bendecidos. Cuando la Imagen vuelve a su camarín, tras cuatro horas de recorrido, comienza un nuevo año para los peregrinos que vuelven a sus lugares de origen, algunos ese mismo día y otros al día siguiente, llevando consigo romero y estadales para repartir entre los amigos y familiares.
San Isidro Labrador. La romería de San Isidro tiene en Lopera un carácter similar al de los pueblos de los alrededores. Bestias y carruajes de labranza vienen acompañando a la imagen del santo, que procesiona por las calles de nuestro pueblo desde mediados del siglo pasado. Desde 1993 Lopera cuenta con una ermita erigida en honor del santo en el paraje del Pilar Nuevo. Ahora también se ha ampliado el entorno y construido una casa de cofradías para que la festividad pueda resultar lo más completa posible. Al haber sido convertida por el Ayuntamiento en fiesta local, la celebración se ha ampliado y ha tomado el cariz de una auténtica romería. La noche del día 14 de mayo la ermita y su entorno son un hervidero de loperanos y de gente de otros pueblos limítrofes que disfrutan de las muchas casetas que se disponen en todo el recinto. Pero sobretodo son los chiringuitos que montan las familias y los grupos de amigos los que más abundan. El éxito de esta noche queda garantizado con diferentes actuaciones musicales que tienen lugar al lado de la ermita. El día 15 tiene lugar la procesión por las calles del pueblo, pero ahora es por la mañana y no por la tarde como fuera antaño. Tras la misma, toda la comitiva se baja celebrarlo a la ermita y continúa así la fiesta iniciada la noche anterior. En este año 2009 la romería pasará a celebrarse por primera vez en fin de semana.
Los Mayos. Los Mayos son una especie de baldaquino o armazón de madera que se sustenta sobre unas andas y va recubierto con papel de seda de colorines, cintas y margaritones del campo, rosas, claveles y decorado con roscos de viento. En el centro del armazón van dos o más pisos y en los mismos llevan sendas tortas de bizcocho. El mayo se suele echar a alguien en un aniversario, onomástica o cumpleaños, ya sea niño o mayor. El mayo es portado en andas hasta la casa del homenajeado y en el trascurso del mismo se cantan canciones. Finalizada la procesión se procede a la degustación de los roscos, tortas bizcocho y demás golosinas entre los asistentes. Esta tradición fue recuperada por CEIP Miguel de Cervantes, aunque en la actualidad también se llevan a cabo en el centro de adultos y el hogar del pensionista.
El Corpus. Con la celebración de la procesión de Corpus Christi, Lopera ve adornadas sus calles con macetas, pequeños altares y banderas, se respira una mezcla de olores entre flores y juncia que decoran el suelo. En la procesión participan los niños que durante ese año han recibido la primera comunión, estos mismos al terminar la procesión, como algo típico, recogen la juncia del suelo y realizan pequeños látigos o zurriagos.
Certamen de Tunas Villa de Lopera. Uno de los acontecimientos más esperados por el pueblo de Lopera es su Certamen de Tunas que protagonizan jóvenes y no tan jóvenes venidos de todos los rincones del mundo (España, Portugal, Francia, Chile, México, Ecuador...) durante el último fin de semana de julio. Este certamen cuenta ya en su haber con ocho ediciones y es de reconocido prestigio para todo seguidor de esta bella tradición. En esos días reina la alegría, el buen humor y las canciones de ronda que sabiamente se han guardado y transmitido de generación en generación. Las calles del pueblo se inundan del colorido de los atuendos y de las voces roncas de los tunos que se empeñan en mantener viva aquella tradición que allá por la Edad Media inaugurara un grupo de trovadores, que buscando amores y manjares cantaban bajo el balcón de una hermosa dama. Banderas, bandurrias, laúdes, guitarras, maracas, panderetas y música son los únicos ingredientes que, combinados adecuadamente con el silencio de la noche y aliados al clima festivo que estos días se respira en Lopera, producen este sueño fascinante que hace deleitar a protagonistas y oyentes. Cientos de melodías se oyen una y otra vez y se mezclan todas en una noche enloquecida de cantos y ebria de música, hasta que las gargantas caen extenuadas presas del son.
San Roque. Desde 1625 existen noticias documentadas sobre la existencia de la Cofradía de San Roque. En 1644 es nombrado Patrón de la villa de Lopera. Su festividad se celebraba mediante misa y procesión el día 16 de agosto. San Roque ha sido -hay que decirlo por justicia con la historia- un patrón olvidado por el pueblo durante muchos años, hasta el extremo de que su ermita semiderruida fue almacén de los carros de la Semana Santa durante largo tiempo. Fue hacia el comienzo de los años 90 cuando un grupo de loperanos tomó conciencia de esta deuda con la historia e hizo causa común en torno a la recuperación de la Cofradía, la festividad y la reconstrucción de la ermita. Como todo empeño que surge de la cooperación del pueblo da sus frutos, hoy en día Lopera celebra un Triduo a San Roque los días 13 al 15 de agosto. El día 14 de agosto se celebra junto a la ermita el pregón de las fiestas y, a continuación, una verbena popular amenizada con música. El día grande es el 16 de agosto, que se inicia con una Diana Mayor a cargo de la Banda de Tambores y Cornetas, seguida de un desayuno sanroqueño en casa del hermano mayor. A las 21 horas se celebra en la parroquia la fiesta religiosa en honor al Patrón y a continuación se bendicen cientos de roscas de pan del Santo que se reparte entre todos los devotos. Finalmente, tiene lugar la procesión por las calles del pueblo acompañada por el vecindario, cofrades y autoridades. Lo más curioso de esta procesión es que los más pequeños alumbran a San Roque con farolas hechas con sandías o melones a los que se les ha vaciado la pulpa.
Feria y Fiestas de los Cristos. Datan del año 1628, aunque durante muchos años tuvo variaciones en cuanto al formato y al tiempo en que se celebraron. En 1761 se funda la Soldadesca del Santísimo Cristo del Humilladero y comienza a denominarse Feria y Fiestas en honor de los Cristos de la Veracuz y del Humilladero (los Cristos). Se inicia por estas fechas la costumbre de lidiar toros. Las fiestas en honor de los Cristos se celebran en la actualidad en el penúltimo domingo, lunes y martes siguientes del mes de agosto, aunque oficialmente comienzan el viernes por la noche con la tradicional inauguración de la iluminación del ferial, el pregón de feria y la coronación de la reina y las damas de honor. Entre los actos más tradicionales destacan a nivel religioso la Alborada del Cristo Chico, el disparo de salvas y el revolotear de las banderas en la procesión. Las actividades culturales y deportivas han ido variando con el paso de los años, así las carreras de cintas en bicicleta, las capeas de la Plaza vieja y las carreras de sacos han dado paso a espectáculos contratados. No obstante, se mantienen la carrera de galgos, el tiro al plato y el baile en la caseta municipal ubicada en los jardines del Paseo de Colón.
Día de Jesús. En esta festividad, que se celebra el 14 de septiembre, se saca en procesión a Nuestro Padre Jesús Nazareno. Antiguamente las calles se engalanaban con arcos formados por farolillos de papel, con farolas de sandías e incluso con muñecas y globos llenos de jazmines que se abrían al paso de la imagen. En la actualidad se ha impulsado desde el Ayuntamiento de Lopera|Ayuntamiento esta fiesta y existe un concurso de embellecimiento de las calles. La noche anterior los vecinos se reúnen para realizar múltiples alfombras de colores y de serrín. Otras calles mantienen las tradicionales cadenetas de papel y, en algunos casos, los arcos de palmeras.
Feria Medieval. Durante los últimos años se ha asentado la celebración anual de la Feria Medieval, en la que destacan las representaciones que tienen como telón el Castillo Calatravo dentro del programa de animación de la Ruta de los Castillos y las Batallas. Las actividades que se desarrollan son Cenas Medievales de las Tres Culturas, Mercados Medievales, además de pasacalles medievales, espectáculo de fuego, teatro de títeres, juegos tradicionales, torneos medievales, conciertos de música medieval, danza del vientre... Cabe destacar que los vecinos de la localidad participan activamente a través de asociaciones o cofradías, poniendo a la venta productos elaborados por ellos mismos para sacar algún dinero y sufragar gastos.
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